Crimen y castigo
Ayer, por causas que ignoro, alquilé “Delitos y faltas”, la obra maestra de Woody Allen, cuyo argumento retomaría décadas más tarde en su reciente, e inferior, “Match Point”. La línea central de la historia muestra a un prestigioso médico –judío y neoyorkino, por supuesto- que se ve obligado, en el otoño de su vida, a asesinar a su amante. No le queda otro remedio ya que la inconsciente dama no asume el fin de la relación – una inocente diversión propia de la edad madura - y pretende revelar el adulterio a la legítima esposa del protagonista, desbaratando así veinticinco años de ternura y confianza, rompiendo los sólidos lazos sociales que ha construido el matrimonio. Por supuesto el crimen es ejecutado por un profesional y queda impune. No interviene el azar, es la única diferencia con “Match Point”. La película londinense resulta mucho más esperanzadora, más complaciente. Afirma que la suerte puede conducir a la justicia, puede quebrar los prejuicios, la distancia social. Sólo la caída de un anillo separa al arribista de la prisión. Sin embargo, en “Delitos y faltas” no hay lugar para la suerte, ni para los matices. El mensaje es unívoco. Sólo los torpes y los pobres terminan en la cárcel.
Si tuviera que elegir una opción me situaría cerca del pesimismo. De hecho, considero que la creencia en la omnipotencia de la justicia, en el castigo del delito y, sobre todo, en la culpa, es un mecanismo –implícito, no planteo una teoría de la conspiración- de control social. La clase alta conoce, por tradición o confianza heredada desde la cuna, que un buen simulacro puede resultar más verosímil que la propia verdad. Además sus miembros -sabedores de la defensa de un bien superior- consiguen que la culpa se convierte en una leve sombra que inquieta, nunca amenaza. Considero que, tras ver estas dos películas en una misma sesión, el cinéfilo -y mucho más el cinéfilo con tendencias homicidas- conseguirá dos enseñanzas prácticas de cierto calibre:
· El sosiego y los buenos contactos resultan imprescindibles a la hora de ejecutar un crimen.
· El azar siempre puede perjudicar al criminal, pero las posibilidades de fracaso tras una planificación cuidada, son las mismas de cualquier actividad humana. Nada indica que cruzar un semáforo o cocinar con gas natural sea más peligroso.

11/07/2006